La rutina te arruina

Cuántas veces te angustiaste viendo pasar siempre los mismos días repetidos una y otra vez?
Cuántas veces estuviste pensando en largar todo?

Si alguna vez te pasó algo de esto o te está pasando, es porque tu vida no está equilibrada, agotaste algunos recursos y no generaste nuevas perspectivas vitales.

Nos enseñaron a ir en busca de la bradicardia -en otras palabras, llevar los latidos del corazón a menos de uno por segundo. Esta condición se obtiene de ir en la búsqueda extrema del confort, la seguridad y tener todo bajo estricto control. 

Si bien es aconsejable tener un corazón latiendo al ritmo de cada segundo, cuando este ritmo está por debajo o muy por encima, la vida empieza a pesar.

Vivimos en una cultura cada vez más exigente y con mucho estrés. Estos niveles nos hacen vivir tan a la defensiva y como todo se mueve tan rápido y la mente tiende a resistirse a los cambios, tenemos que compensar el ritmo controlando otras situaciones de nuestra vida que nos dan cierto respiro. Controlar significa que todo sea como queremos que sea a pesar que lo natural es lo opuesto.

Pero a la larga tener todo tan servido y tan estable nos hace perder el gustito por la vida, esa adrenalina juvenil que se va porque la dejamos ir.

Vivir en esta condición de extremo confort y control hace que la mente se ponga en modo automático. Como cada actividad se repite exactamente de la misma forma día tras día el cerebro lo hace de forma inconsciente y la mente tiene tiempo para pensar, y lo hace de forma negativa sino tenemos un plan o un proyecto a futuro en algún aspecto de nuestra vida. 

Te pongo un ejemplo: Acordate cuando aprendiste a manejar. Cuando una persona aprende a manejar se encuentra en una situación de aprendizaje que lo obliga a poner su mente en plena atención, por ende, la mente no tiene tiempo para irse ni al pasado ni al futuro. Está en el presente ocupada. Cuando pasan los años esta actividad se vuelve automática y la mente ya no necesita ponerle atención, y allí se va al pasado o al futuro generando ansiedad o depresión, mientras el cuerpo se ocupa de trasladar el vehículo como la primera vez. 

Por lo tanto te sugiero te mantengas siempre en constante crecimiento y aprendizaje si quieres tener una vida plena. Para que la mente no cree conflictos debe estar en constante situación de crecimiento y sumando conocimiento. 

Una buena práctica para poder recuperar las ganas de hacer cosas nuevas es leer y que intentes volver a ser el niñ@ curioso que se sorprendía con cada cosa nueva que vivía. 

Es importante que recuperes esa capacidad de asombro ya que te falta mucho por vivir y descubrir, pero primero tienes que salir de esa zona de confort, esa jaula que creaste con objetos que te aprisionan y con ese punto de partida vas a recuperar las ganas de vivir. Y las ganas de vivir se contagian. Y a las personas que contagian alegría se las respeta y se las admira. 
Quizá sea el momento de levantar la cabeza, mirar hacia donde querés llegar, modificar el rumbo de tu brújula interior y replantearte algunas metas.
Alguna vez pensaste como te gustaría ser recordado?

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